domingo, 9 de enero de 2011

El escándalo de Madame X (II)

Madame X, John Singer Sargent (versión incacabada y sin tirante)


Este retrato del que hablamos en nuestra entrada anterior obsesionó a Sargent. Se conservan numeros dibujos preparatorios para el cuadro.



Parece que Sargent no encontraba la pose adecuada para explotar toda la belleza de Mme Gautreau y su peculiar perfil. Los historiadores del arte intentan explicarse cómo alguien tan discreto como Sargent pintó aquel retrato. "La hipótesis que más se ha sugerido es la total desconexión entre artista y modelo. Ella era un diosa del sexo en carne y hueso. Él, un homosexual no practicante, el típico caballero deminónico que se contentaba con tener amistades románticas. El pintor, enfrentado a la hipersexualidad de Amélie, perdió el norte"(*)


Pero hay otra sorprendente teoría. "Madame X podría ser el retrato de dos personas a la vez, que, vistas de perfil, tenían un parecido asombroso. Amélie, por un lado, y Albert de Belleroche, por otro. Este último era un joven estudiante de arte al que Sargent esbozó en numerosas ocasiones y a quien, en sus cartas, llamaba "baby". La fusión de dos personas en una explicaría la feminidad y la masculinidad que emanan del retrato"(*). Sargent pintó a Belleroche en varias ocasiones.


Sargent se llevó consigo el misterio de la motivación de este cuadro. Pero ¿qué fue de Madame X? ¿de Virginie Gautreau? "París se cebó en la posible vida licenciosa de Amélie. Como muchas jóvenes bellezas casadas con vejestorios, quizá tuvo algún amante. Nada nuevo en la Ciudad de la Luz. Sin embargo, aquella sociedad machista no le perdonaba que hubiera inmortalizado su sexualidad de manera tan dominante. (...) Estaba permitido plasmar la sensualidad femenina, pero siempre en un papel sumiso. (...) Fue condenada al ostracismo social. La dama, destruida su reputación, se negó a que el mundo -e incluso ella misma- viera cómo se marchitaba su belleza. Vivió sus últimos años en una casa sin espejos y, si aparecía en público, lo hacía con el rostro cubierto por un velo blanco. Un fantasma digno de Henry James."

Una historia de hace más de un siglo pero que no nos parece tan extraña hoy en día. La belleza de la mujer es un valor en alza pero casi siempre en las manos del hombre. Una mujer dueña de su vida y de su sexualidad sigue siendo mirada con recelo. A una mujer bella no se le permite envejecer, de eso viven numerosas clínicas y empresas de cosmética.

(*) Revista Historia y Vida, nº488 

Este artículo como el anterior se lo debo a la documentación y la ayuda de Diego Palomar, casi tan obsesionado como Sargent por este cuadro.

2 comentarios: